miércoles

Ellas/Nosotras/Elles. A propósito de la película de Małgorzata Szumowska


Anne (Juliette Binoche) es una periodista que escribe reportajes para la famosa revista Elle. Es -además de una mujer que pasa de los 40 años, guapa y elegante-, esposa y madre de dos hijos.

Mientras escribe, Anne es capaz de poner ropa a lavar, recoger el tiradero de sus hijos, ir al mercado y colocar la vajilla sucia en el lava trastes. Tiene una vida que se antoja “normal”, la cual transcurre en un amplio e iluminado departamento en Paris.

Para realizar su último reportaje Anne escucha las dos entrevistas que le realizó a sus informantes, un par de bellas jóvenes estudiantes que le permitieron entrar en un mundo para ella desconocido: el de quienes recurren a la prostitución de manera independiente para pagar sus estudios universitarios y tener una vida decorosa. Son las escorts, quienes que no se paran en las esquinas ni trabajan en burdeles pero intercambian sexo por dinero con clientes frecuentes.  

En una ocasión Alicja  (Joanna Kulig) y Charlotte (Anais Demoustier) por separado se encuentran con Anne.  A la primera la encuentra una noche en su lujoso departamento, a la segunda en un parque durante un día soleado. El ambiente de la entrevista y las distintas personalidades de ambas chicas le ayudan a Anne a conocer un lado poco conocido del trabajo sexual: uno en el que no existe la explotación, ni la violencia y que se presenta como una opción para que estas chicas estudiantes tengan un mejor futuro.

Anne, que se asume feminista y moderna, desconocía que la prostitución podría darse bajo condiciones que a Charlotte le permiten estudiar y a Alicja mejorar su nivel de vida e incluso enviar dinero a su familia en algún país del este europeo. Ambas, para sorpresa de la periodista, expresan que de entre las diversas emociones que surgen de su trabajo hay varias que rayan en el placer y el gozo que da sentirse deseada y poderosa. Alicja se explaya platicando de sus clientes, de sus hábitos, modos y perversiones, de sus solicitudes en la cama o en la mesa y del dinero que hace.  Charlotte le habla de la autonomía que tiene sobre su tiempo, del cariño que a veces siente por algún cliente frecuente, de las mentiras que tienen que decir ante su familia y de los sueños que espera ver realizados.

Para una mujer que no ha sufrido privaciones y vive rodeada de privilegios imaginarse a este par de jóvenes acostándose con hombres de diversas edades y aspectos físicos le resulta difícil de explicar. Mientras escucha sus voces, Anne rememora los rostros, los aspectos, los cuerpos de estas dos chicas que sin mostrar la aflicción que típicamente se asocia al trabajo sexual le cuentan a Anne como fue que se iniciaron en ese ámbito laboral y como es que lo sobreviven aparentando ser chicas “normales”.

Anne piensa y se confunde. Ve transcurrir su cómoda y glamurosa vida al lado de un hombre al que ve poco porque trabaja mucho y con el que seguramente el sexo hace mucho que dejó de ser bueno. 

Al escuchar los testimonios frente a la computadora, Anne se confronta ante los imaginarios y prejuicios que rodean esta práctica del mercado del sexo. Las palabras de Charlotte y Alicja le muestran a Anne otra dimensión del trabajo más antiguo del mundo y esto la sacude. La escritura de su reportaje se convierte en un viaje interior para Anne y un cuestionamiento cuasi dramático sobre su vida como mujer y esposa.  

En esos días empeñada en terminar el reportaje, encuentra que su hijo y su esposo ven pornografía en internet, que cotidianamente tiene que lidiar con discursos de machos y que en el fondo quizá las mujeres como ella no son tan distintas a las mujeres que ha entrevistado. ¿No tiene Anne ganas también de sexo salvaje y lleno de pasión? ¿No tendrá el deseo de sentirse deseada, capaz de excitar a alguien? ¿aunque sea a un desconocido?

Anne no sabía que prostituirse no siempre implica entrar en una red de trata de mujeres, trabajar en un prostíbulo o parada por la calle. Anne desconocía que dos estudiantes con aspiraciones y planes podrían recurrir al sexo por dinero, como quien recurre a otro tipo de trabajo, pero en este caso con autonomía, capacidad de decisión y en ocasiones hasta placer y gozo. Esto no garantiza seguridad en el 100% de los casos, pero si la independencia de trabajar por cuenta propia, invirtiendo el tiempo del que se dispone sin sacrificar la otra vida.
  
La película de Małgorzata Szumowska pone en cuestión un tema importante en estos tiempos cuando los modelos y formas de vida familiares, de pareja y laborales son continuamente retados ante prácticas y discursos que redefinen lo que es un trabajo “honesto” y uno “deshonesto”, lo que es una relación “normal y estable” y una que no lo es, lo que es una mujer que, cuando se termina la pasión, es capaz de intercambiar sexo y fingir orgasmos por una vida estable y normal y una que cobra por sexo para sobrevivir.

Anne escribe sobre Ellas pero decir “Ellas”, hablar de “Ellas”, platicar de “Ellas” nos separa y distancia, entonces ¿Qué somos Nosotras?

¿No pagamos, a veces, las mujeres con sexo cuando recibimos un regalo?, ¿No fingimos orgasmos para complacer a otros?, ¿No tenemos sexo, en ocasiones, para lograr algo?, ¿No contentamos a la pareja agradándola en la cama?, ¿No hemos sido, en ciertas situaciones, expertas negociantes de sexo por tener o conseguir lo que creemos que es amor, tranquilidad, un “hogar feliz”, una familia?, ¿No resolvemos con sexo algunas veces las confrontaciones con la pareja? ¿En qué se diferencian quienes no cobran pero negocian en la cama y quienes cobran para garantizarse un mejor nivel de vida? ¿Cuál es en esencia la diferencia?

Anne no logra responderse pero, por lo menos, logra preguntárselo.