domingo

La cava de Marcelo: de una historia regional y nuestra



Hace mucho tiempo que estoy escribiendo en este blog sobre restaurantes y  tendencias de comida en Baja California. He dedicado algunas entradas para recomendar lugares y sabores de esta parte de México que ya se erige como un destino culinario por si mismo.

Desde Tijuana y Ensenada hasta lugares perdidos en carreteras y autopistas es posible encontrar muestras de tesoros regionales invaluables que hasta Anthony Bourdaine viene "descubrir". La cocina de Baja California es una competencia legitima y tiene, como muchas de las cocinas mexicanas, una historia que expresa los distintos procesos que han atravesado la región. Entre ellos el más emblemático es –seguramente- la migración. Y de eso habla, y a eso sabe, mucha de la cocina bajacaliforniana. A la presencia de españoles, rusos, chinos, italianos y mexicanos de todas partes. A los ingredientes, los olivos, las vides y las maneras de preparar y cocinar. A la mezcla de sabores y de tradiciones europeas que se reproducen en esta lejana región. De entre ellas destaca indudablemente la elaboración de vino y de quesos. 

Desde principios del siglo XX en la zona de Real del Castillo (poblado localizado a 40 kms. de Ensenada) se recreó la actividad –que devino tradición- de la elaboración de dicho lácteo. El señor Pedro Ramonetti llegado de la parte italiana de Suiza inició su empresa en 1911 en plena declaración de la revolución mexicana. Se ve que en esas partes del norte poco impactó el plan de San Luis. La comunidad migrante tenía por política la de la sobrevivencia. Hicieron bien. Finalmente vimos que la revolución poco hizo por este país. Y ahora tenemos a un descendiente de Pedro haciéndose cargo de una fabrica y una cava subterránea de quesos (la única de América Latina) que se prestan para ser el escenario de un día de ensueño en un lugar que está prácticamente en el medio de la nada.


Marcelo Ramonetti, el bisnieto de Pedro, le apostó a la distancia. Digo, porque para cualquiera que no viva en Ensenada llegar a la Cava de quesos es un viaje. Nosotros, un grupo de ocho tijuanenses trasnochados con dos niños y una niña, hicimos un recorrido que inició pasado el medio día. De muy mal humor pensé que no nos tocaría la puesta de sol. Pero justo llegamos para eso.

Atravesar Ensenada, salir por la carretera a San Felipe y recorrer 43 kilómetros de curvas en medio de un paisaje de piedras y colores terracota puede ser una experiencia encantadora. Pero no cuando se tiene mucha hambre. Imaginamos ver la cava de quesos como un oasis en el desierto…o sea muchas veces. Pero no era. Después del retén militar del kilometro 40 y seguir aún 7 kilómetros de terracería para llegar al lugar queríamos comernos una vaca. Pero no nos fue posible. Llegamos con algo de luz del día, justo para tomarnos las fotos del recuerdo. El recorrido obligado para conocer el procedimiento de hacer los quesos Ramonetti se lleva casi una hora. Así que contra la voluntad de un querido maño y toda nuestra hambre tuvimos que ceder y hacer el recorrido, que además era el último del día. Afortunadamente la amable guía fue amena y ágil. Nos explicó un poco de la historia del lugar y de la familia Ramonetti. Nos pasó a ver a los becerros (raza Holstein) que crían ahí y después a algunas de las vacas que ordeñan. Nos pasó a la sala de procesamiento de quesos para explicarnos el proceso desde que llega la leche tibia directamente de la ubre y hasta que se procesan las variedades. En ese lugar diariamente se elaboran 120 kilos de queso.


Después pasamos a una sala pequeña a probar una mantequilla maravillosa y un ricota (estilo mexicano) que le pedía poco a la que probé tantas veces en Italia. Entonces si, ya entrada la noche, pasamos a la prometida degustación de quesos. Bajamos a la cava -no sin antes ver las fotografías de la familia Ramonetti expuestas en el vestíbulo- construida entre 2006 y 2008 en donde se pueden almacenar hasta 10 mil piezas de queso.


A cuatro metros de profundidad nos habían dispuesto una mesa para once personas con los platos de degustación de quesos. Nos sirvieron una copa del vino de la casa -Ramonetti 1911- (un ensamble exitoso de Zinfandel, Petit y Cabertnet Sauvignon de San Antonio de las Minas). Dicha degustación incluye 3 quesos frescos (uno con romero, otro con albahaca, otro con pimienta) un queso de 5 meses que está muy bueno, otro de 1 año -que fue entre mis amigos y amigas el ganador de la noche- y otro de 2 y medio que es para expertos y sibaritas. Con un poco de mermelada de higo pudo ser degustado por quienes no están acostumbrados a los quesos tan fuertes.







Después llegó el menú. Entonces decidimos compartir algunas entradas: carpaccio de marlín, hongo ramonetti (portobello a las brasas), quesadillas con queso de la casa y ostiones (con queso de la casa y espinacas a las brasas). Nadie se arrepintió de haber esperado tanto.




Todo estaba riquísimo, pero los ostiones se llevaron la noche con ese sabor a leña que da un toque tan particular a la comida. Después nos decidimos por los platos fuertes. 

Hubo quienes compartieron un corte de carne que se veía glorioso, una amiga vegetariana pidió una pasta con quesos, alguien pidió la torta de pato, pero nuestro amigo maño -pidió para él solo- y una cómplice y yo pedimos -para compartir- el plato de cordero con salsa de tomate dulce y papas. Absolutamente celestial. Carne suave, cocinada en término medio que se deshacía en la boca-. Creo que fue el único momento del día en que estuvimos en silencio por algunos segundos, disfrutando de los sabores acompañados por un par de botellas de vino que pudimos descorchar in situ.



 


Antes de pagar decidimos que probaríamos el postre que es único en la carta: Panna cotta con romero. Yo adoro la Panna cotta pero jamás me la imaginé con un sabor tan fuerte como el romero. Quienes la probamos mostramos nuestras expresiones más incrédulas sobre el sabor que teníamos en la boca. Si, era panna cotta, pero sabía a romero. Una hierba de olor y sabor muy fuerte combinada con una crema cocida suena demencial (estoy segura de que ni los italianos –que adoran el romero- se han imaginado una combinación así). Ahí en la cava es el postre y es UN postre.


Salimos del restaurante por nuestro propio peso y porque el camino era largo. Se hacía tarde. Pero no desaprovechamos la oportunidad para comprar mantequilla, ricota y algunos quesos.

Después de las 8 de la noche regresamos en caravana de autos. Todos complacidos por la experiencia. Aún cuando nos encontramos aquí en Tijuana seguimos hablando del día que fuimos a la Cava de Marcelo y la recomendamos -todos- ampliamente.

Salir de la ciudad, tomar una carretera de paisaje singular y llegar al medio de la nada a un paraíso culinario que recuerda la tradición y parte de nuestra historia es una experiencia que quienes viven cercanos deberían de tener y quienes vienen de paso deben de conocer. 


La próxima vez que quieran escapar a ver, oler y comer bien tomen la carretera a Ojos Negros, ese lugar que tiene un pequeño tesoro regional escondido.

La Cava de Marcelo 
Carretera Ensenada-San Felipe, Km. 43
Abierto Sábado y Domingo de 1pm a 6pm 
Recorrido con degustación de quesos y una copa de vino 120 pesos (adultos) 
http://lacavademarcelo.com.mx/

lunes

La puta con ética. Ensayando una forma nueva de amar


“¿Quién es una puta con ética?...Quizás tu lo eres. Si sueñas con tu libertad, si sueñas con una intimidad caliente y profunda, si sueñas con una abundancia en amistades, coqueteos y afectos, en seguir tus deseos y ver a dónde te llevan, has dado el primer paso…El segundo paso es tener este libro entre tus manos”.

Después de semanas en una crisis post-separación y de cuestionar, preguntar, dudar, hablar, llorar y compartir las emociones y sentimientos que se mezclan entre la depresión, la soledad, la culpa y el desencanto me cayó un rayo iluminador.

Estaba en un sex-shop en Amsterdam buscando algún tipo de distracción entre juguetes, películas y libros. Ahí en un estante, único y solitario, el título “The ethical slut. A practical guide to polyamory, open relationships & other adventures” de Dossie Easton y Janet W. Hardy llamó mi atención. Publicado por primera vez en 1997 y dividido en 4 partes y 22 capítulos el libro hace un recorrido abordando “The practice of Sluthood” pasando por asuntos como “Battling Sex Negativity”, “Embracing conflict”,  y “The Ebb and Flow of Relationships”. Leyendo el índice y las referencias críticas supe que era lo que buscaba para explicarme lo que viéndome al espejo todas las mañana no lograba.

“Como putas orgullosas creemos que el sexo y el amor sexual son fuerzas fundamentales del bien, actividades con el potencial de fortalecer vínculos íntimos, renovar vidas, abrir la conciencia espiritual, y hasta cambiar el mundo…y cualquier camino erótico, escogido y seguido conscientemente puede ser positivo, una fuerza creativa en los individuos y sus comunidades.”

Desde hace muchos años he pensado y creído cosas que supuse únicas. Mi actitud ante la monogamia, el sexo, la fidelidad y otras nociones me alarmaban al confrontarme diariamente con un mundo machista, patriarcal, cerrado y egoísta. Fue una alegría encontrarme con un libro-ensayo que concentra reflexiones, argumentaciones y discursos que yo he venido debatiendo conmigo misma con la creencia de que tenía que dejar de pensar así y cumplir con una norma social. Aquí Easton y Hardy explican cómo se conforman estas convenciones:

“El mundo es muy aficionado a los pares: blanco y negro, masculino y femenino, mente y cuerpo, bueno y malo. Estos pares, lo aprendemos, se oponen: esta lo correcto y lo incorrecto y nuestra tarea es luchar para defender lo bueno y destruir lo malo. Este tipo de pensamiento domestica nuestros juzgados, políticas, los programas de televisión, con resultados demenciales…todo lo que es diferente debe ser opuesto y por lo tanto el enemigo. Cuando correcto e incorrecto son las únicas opciones, tu puedes pensar que no puedes amar a más de una persona, o que no puedes amar de distintas maneras, o que tu tienes una capacidad finita de amar…y que tus únicas opciones son estar enamorado o no estar enamorado, sin ninguna concesión a diferentes grados o tipos de amor”.

En esta lectura entendí que mi historia amorosa y sexual, el tipo de hombres que ha habido en mi corazón, en mi cocina y en mi cama, el estilo de las relaciones que he establecido y sus finales, expresan la confusión y la falta de un lenguaje apropiado para enunciar y entenderme. Pero en el libro encontré mi palabra:

Polyamory es una nueva y valiente palabra, acuñada por Morning Glory Zell Raven-heart alrededor de 1990…formada de raíces grecolatinas se traduce en amando a muchos.”

Así soy y he sido. No ha sido fácil entenderlo y mucho menos es sencillo explicarlo. Yo he amado a todas mis parejas. Pero, además, las sigo amando. Y por si no fuera esto poco, las he amado al mismo tiempo que he amado a otros hombres. No, esta no es una confesión, es un reconocimiento. Ya no me asusta. No soy la única mujer, ni el único ser humano “poli-amoroso”. Quizás seamos más de los que pensamos pero aún no nos descubrimos. La programación sobre el amor, la intimidad y el sexo es y ha sido tan intensa que creemos funcionar bajo preceptos que ni siquiera hemos cuestionado. ¿Cómo podemos entender todos nuestros otros yo’s, cómo podemos conectarnos con otras dimensiones y niveles de nuestra personalidad si no logramos ni siquiera poner en duda lo que creemos?

“Uno de los retos a lo que se enfrenta la(el) puta/o con ética es esta insistencia cultural que, simplemente porque, “todo el mundo” sabe algo, es obviamente verdad. Te urgimos a observar con escepticismo cualquier enunciado que empiece con “toda la gente sabe que…”, o “el sentido común dice…” o “es de todos conocido que”…Frecuentemente estas frases son señales de sistemas de creencias culturales que serán anti-sexuales, monógamas y/o co-dependientes. Cuestionar “lo que toda la gente hace” puede ser difícil y desorientar, pero hemos encontrado que vale la pena: cuestionar es el primer paso hacia la generación de un nuevo paradigma, tu propio paradigma de cómo debes ser”.

Lo que “The Ethical Slut” nos dice es que nada de lo que hemos aprendido, escuchado, visto y experimentado tiene que ser así si eso no nos hace seres felices y completos. La des-programación es un proceso de conciencia y seguridad en uno mismo, de escanear la personalidad, el comportamiento, las reacciones, acciones, emociones y sentimientos. De entender que la unidad fundamental sexual y amorosa eres tu, que cada persona está completa por si misma, que de lo único que debemos de tener pleno control y conocimiento es de uno mismo:

“…nuestra programación puede ser reescrita. Cuando nosotros empezamos a cuestionar todas las formas que nos han enseñado podemos empezar a editar y a reescribir nuestras viejas cintas. Rompiendo reglas nos hacemos libres y nos empoderamos”.

Para esto en el libro se propone la urgente deconstrucción de 6 mitos recurrentes: 1) las relaciones monógamas de larga duración son las verdaderas relaciones; 2) el amor romántico es el único amor real; 3) el deseo sexual es una fuerza destructiva; 4) amar a alguien facilita controlar su comportamiento; 5) los celos son inevitables e imposibles de superar y 6) los involucramientos con otras personas fuera de la relación “formal” reducen su intimidad.

En las páginas que se ocupan de esto, las autoras, ponen ejemplos de sus experiencias propias y de material recopilado en las terapias, grupos y comunidades en donde se comparten los distintos puntos de vista y nociones acerca de estas ideas que subyacen el discurso sobre “el amor” y el comportamiento sexual “apropiado”.

A partir de esta lectura logré identificar que especialmente el 3 ha marcado buena parte de los conflictos que he tenido conmigo misma. (Me he repetido frente al espejo tantas veces “No, no soy una ninfómana”, pero, ahora lo pienso, y si lo fuera ¿qué?). El 6 también ha sido problemático por mi tendencia a tener relaciones paralelas (oníricas, espirituales, físicas, intelectuales, sexuales) y secretas, las cuales generalmente no han terminado bien. Nunca empecé una segunda relación con el afán de terminar la primera. Tuve otras relaciones para compartir(me) en otras dimensiones con gente distinta. De lo único que puedo arrepentirme es de no haber sido honesta en su momento.

“Las grandes putas no nacen, se hacen. Las habilidades que necesitas para hacerte feliz a ti y a tus compañeros se desarrollan a través de combinar el esfuerzo consciente con la práctica frecuente”.

Y si, saberse una puta no es del todo gratificante cuando se reconoce que no se ha tenido ética. Pero no me voy a flagelar. Hay luz al final del túnel. Lo que propone el libro, como bien lo indica su nombre, es la construcción de una ética para poder ser mejores seres humanos que den, compartan y reciban lo mejor de cada persona que se cruce en nuestro camino.

En la segunda parte del capítulo 8 (Slut Skills) llamada “Earning your Slut Merit Badge”, se hace el listado de habilidades -y se explica cada una de ellas- para iniciarse en esta filosofía de vida.

1) Comunicación, 2) Honestidad emocional, 3) Afecto, 4) Fidelidad (a uno mismo), 5) Establecer tus límites, 6) Planeación, 7) Conocerse uno mismo, 8) Ser dueño de tus sentimientos, 8) Llevártela tranquila contigo mismo, 9) Decir tu verdad.

Parecen sencillas pero dudo que sea posible llevarlo a la práctica si antes no pasamos por una sincera revisada a nuestro corazón, a nuestra historia y de paso desbloqueamos algunos conductos de la mente y la entrepierna.

La propuesta de “The Ethical Slut” no es ni será fácil de practicar porque las sociedades y muchas de las culturas en este mundo aún funcionan con base en discursos que satanizan y condenan el comportamiento femenino que se “sale de la norma”. Me he topado con hombres radicales y liberales que aún piensan que no es posible tomar en serio a una mujer que tiene “excesiva” experiencia en la cama o que tiene “one night stands” con tipos que apenas conoce. En cambio jamás me he encontrado a una mujer que de entrada no quiera ver o salir con un hombre porque este es un "gran cabrón".

Esta iniquidad se manifiesta en el lenguaje. En inglés la palabra “slut” (puta) “es sumamente ofensiva, usada para describir a una mujer cuya sexualidad es voraz, indiscriminada y vergonzosa”. Mientras que la analogía sería la palabra “stud” (semental) que describe “a un hombre altamente sexual”, un término que expresa “aprobación e incluso envidia”.

Urge revisar y des-programar nuestra manera de enunciar las cosas. Puta, puto, chupar, pene, lamer, vagina, promiscuidad, coger, sexo, pito, ano, ninfomanía, tetas, nalgas, culo, caliente, mojado, húmedo, meter-sacar, son palabras con un significado particular y práctico. No son insultos. Debemos empezar a generar un lenguaje positivo en torno al sexo, para generar nuestra propia ética, una en donde nadie salga lastimado sino fortalecido de la experiencia.

La condición poli-amorosa no es para el 100% de la gente, pero es una opción tan respetuosa como la monogamia, la soltería eterna, las relaciones abiertas, los tríos, el amor libre y etc. Lo que “The Ethical Slut” propone es una celebración a nuestras infinitas posibilidades de obtener y compartir placer y sexo, pero sobre todo la amistad y el amor, como vínculos y relaciones valiosas que hay que fomentar y cuidar. 

Se trata de acompañarnos, querernos y comprendernos sin juzgar ni condenar. Se trata de entender “que hay tantas maneras de ser sexual como las hay de ser humanos y todas son válidas. Hay muchas maneras de relacionarse con el amor, de expresar el género, de compartir el sexo, de formar familias, de estar en el mundo, de ser humanos….y ninguna de ellas de ninguna forma reduce o invalida a las otras.” Ya que el sexo “es una expresión física de una serie de cosas que no tienen existencia física: amor y gozo, emoción profunda, intensidad, cercanía, conexión profunda, conciencia espiritual, buenos sentimientos y en ocasiones hasta éxtasis transcendental”,  de lo que se trata es de tener el control de nosotros mismos y de ser –por fin- felices.

 
Dossie Easton and Janet W. Hardy (2009) The Ethical Slut. A practical guide to polyamory, open relationships & other adventures. 2nd edition, Celestial Arts, Berkeley, USA.

martes

Sexo en tiempos de revolución


Hora: Muy temprano por la mañana.
Lugar: El Puerto de Oakland.
Fecha: 12.12.2011

El frío del amanecer azotaba.

Mientras muchos mexicanos cantaban La Guadalupana, otra gente estaba a lo largo de la costa oeste de California tratando de cerrar los puertos desde San Diego hasta Seattle. Los entusiastas participantes tomaban parte de una acción organizada por el movimiento Occupy Wall Street para manifestar el rechazo a un sistema en crisis que, según los presentes, ya debería de reventar. PUM!

Entonces ahí fue. A las 7 de la mañana recibí un mensaje a un celular ajeno. “¿Estás aquí? Estoy en la puerta 55-56”. Busqué el número de la puerta. De entre tantas que hay en ese enorme puerto yo estaba justamente en esa: “También aquí, presente”.

Destino.

Hora: 7.30 pm.
Lugar: Centro de San Francisco
Fecha: 12.12.2011

Yo caminaba rumbo a un hotel con una habitación reservada para dos personas cuando lo vi pasar a un lado de mí. Iba a mi encuentro. Iba también hablando por teléfono, cargando una mochila llena de periódicos y cárteles. Él no me vio. Dejé que avanzará solo para después acercarme y rozar su mano. "Te vas a aparecer siempre en una calle".

Destino.

Lo dejé atrás para que hablara. Sonaba emocionado. Los eventos del día nos dejaron a todos de buen ánimo. E-s-p-o-s-i-b-l-e.

Hora: Temprano por la mañana.
Lugar: El Puerto de Oakland.
Fecha: 12.12.2011

Pasaron cinco segundos antes de verlo. Estaba a unos metros de distancia. Entre él y yo había un grupo de gente dando vueltas, gritando consignas, levantando pancartas, generando energía y calor. Vi cómo sacaba su celular para leer mi respuesta. Vi cómo instintivamente me buscó. Vi cómo nuestros ojos se encontraron. Vi cómo le ofrecí mi más enorme sonrisa. “Estamos juntos en esto”, le dije con la mirada.

Todo se movía. Yo me movía, él se movía  y la gente a nuestro alrededor se movía. Se acercó. Un abrazo, un beso cálido. El update. Después a lo nuestro. Él a realizar su trabajo para enviarlo al periódico en NYC. Yo a incorporarme –con la voz y el cuerpo- a la gente que organizada seguía en el círculo de la inconformidad. Música, consignas, pancartas, baile y registro del evento. Cámaras y micrófonos. Todos queríamos documentar lo que estaba pasando, lo que nos estaba pasando.

Hora: 7.40 pm.
Lugar: Centro de San Francisco
Fecha: 12.12.2011

Me alcanzó frente a la puerta de un bar para él conocido. Me abrazó y me besó. Entramos a tomar una cerveza. Indian Pale Ale para mi. En un sitio acogedor, sentados frente a la barra, hablamos del día, de la tarde, de lo que sucedió, del capitalismo, del movimiento, de la represión, de lo que sigue, del futuro, del mundo, de todo lo que tenemos que cambiar.

Y sus ojos brillaban y los míos también. Éramos un espejo, “¿te das cuenta?”…

Salimos de ahí al cuarto de un hotel que ya nos quedaba cerca.

Hora: Media mañana.
Lugar: El Puerto de Oakland.
Fecha: 12.12.2011

La policía nacional presenciaba nuestro ritual. Llegaron más Robocops a amenazar a la gente cuyas únicas armas eran las palabras y la esperanza. Uniformados y formados como ejército esperaban la provocación. Frente a ellos estábamos las mujeres, los hombres, los jóvenes, los niños, los gays, las queers y lesbianas de distintas apariencias representando parte de un 99% que ya siente cercano un futuro cancelado. Los enviados guardaban compostura mientras se contenían para perderla –con ira- en el primer incidente. Parados en fila resguardando la propiedad federal, acumulaban la represión que fueron entrenados a repartir.

Pero nosotros, decenas de personas encabronadas por todo lo que nos están haciendo, estábamos en la vía pública, un límite espacial que nos defendía.

Y él ahí cercano. Y yo ahí cercana a él. Juntos. Compartiendo el sentimiento, la idea, la necesidad, el sueño.

Hora: 8.00 pm.
Lugar: Centro de San Francisco
Fecha: 12.12.2011

Llegamos al cuarto de un hotel en Sutter Str. No habíamos terminado de entrar al cuarto y dejar nuestras cosas cuando los cuerpos desobedientes se buscaron. Habían pasado 19 días desde la tarde de Brooklyn, los suficientes para que yo estuviera lista para recibirlo.

(Re)-conocimos cuerpos, pieles, olores y sabores. Su cuerpo de exquisita consistencia. Su decidido pene de forma y textura particulares me hablaba. Me decía de las ganas que de mi tenía. Lo sentía con energía acumulada. Pensé en hablarle yo de las noches anteriores, las que pasé con las manos en la entrepierna diciendo su mágico nombre e intentando recordar su olor.

Manos y lenguas que tocaron y pasaron por esos cuerpos. Sentí su fuerza adentro, sentí su furia afuera. Lo sentía sin verlo, cuando él embestía mientras veía de mi la espalda tatuada. Venía. Lo sentía de frente y de lado como si siguiera manifestándose contra el sistema. Venía. La energía de una protesta en la cama. Como si nuestra manifestación no hubiera terminado. Venía.

Hora: Casi medio día.
Lugar: El Puerto de Oakland.
Fecha: 12.12.2011

Unas horas después la policía se retiró dejándonos a todos la sensación de alivio. A pesar de que en otros puertos si habían dejado salir sus demonios, a nosotros en Oakland algo nos defendió.

Un rato más tarde el puerto fue declarado cerrado. El pequeño triunfo. La pequeña toma de un sitio nuestro: “Who’s port? Our port!”. Se organizó una marcha de regreso al punto de partida. La gente se preparó para seguir organizando las acciones de esa tarde.

Caminábamos en grupos de forma desordenada, caótica pero con un espíritu compartido. We made it!. Sentí una mano que tomaba la mía. Nos acercamos mucho, en cuerpo y ánimo. Así caminamos, sonreímos, hablamos y compartimos haber participado de esa mañana. Una hazaña también nuestra.

Hora: 9.30 pm.
Lugar: Centro de San Francisco
Fecha: 12.12.2011

Y siguieron esas conversaciones importantes. De las que tuvimos desde que nos conocimos en la costa este.  De esas conversaciones que conectan a dos personas de un modo muy especial sobre todo si están desnudas en una cama. Solos en un cuarto ajeno en donde lo único que pueden sentir cercano -¿y suyo?- es a la persona que tienen a un lado.

“¿Se han dado cuenta aquí, los gringos, de lo que nos está haciendo su gobierno?  ¿Saben que este responde a los cabrones intereses que empresas, industrias y particulares millonarios tienen sobre el petróleo, la tierra y nuestros recursos naturales? ¿Porqué puede ser para mi tan importante lo que les pase a ustedes? Muy sencillo, si truena aquí, nos truena allá. Necesitamos reventarlos para reventarnos.”

Hora: 4.00 pm.
Lugar: Centro de Oakland
Fecha: 12.12.2011

Llegaron miles a la reunión en el centro. Decidieron marchar y volver al puerto a cancelar las actividades del turno vespertino. Los detenidos por la policía en otros puertos promovieron el sentimiento de rebeldía. En Oakland la gente decidió ocupar acampando. Una enorme manifestación partió a cerrar las puertas. Música, baile, consignas, pancartas. La fiesta de la rebelión llegó para quedarse y joder el día completo al comercio en barco. Un granito de arena frente al turbio mar de un sistema que nos quiere ahogar.

Hora: 11.00 pm.
Lugar: Centro de San Francisco
Fecha: 12.12.2011

Hablamos de muchas cosas. Las respuestas y lo que nos toca cambiar para que esto funcione empiezan por aquí. Se lo dije tocándole el pene. La revolución tiene que ver hasta con nuestra manera de tener sexo, de relacionarnos con nuestros cuerpos y de entender la igualdad en todos los aspectos de las mujeres y los hombres. La revolución tiene que ser un proceso liberador.

Veíamos en una transmisión en vivo lo que seguía sucediendo en el puerto. La gente que decidió acampar fue desalojada por la noche. No obstante el ánimo no bajó. Nuevas acciones se iban a organizar. El tema nos mantenía atentos a eso sin dejar de sentirnos. Su teléfono sonaba y yo revisaba notas de periódico. De esas que casi siempre terminan provocando en mi una reacción de indignación.

Hablamos de cuestionar, tronar, reventar un sistema, patriarcal, machista, explotador, enajenante, deshumanizado, fanático, contradictorio. Hablamos de entender que este sistema tiene a la mayor parte de la gente frustrada, infeliz e inconforme. Que es un sistema que se sostiene de discursos dominantes  y retrogrados que subestiman y ultrajan a las mujeres, a las minorías étnicas, a la infancia, a los migrantes y a otras opciones sexuales.

Ese día que ocupamos el puerto nos permitió hablar(nos) y ver(nos). La tarde de Brooklyn se repitió por horas durante dos noches y sus respectivas mañanas. Cuando no estuvimos en la cama, paseamos tomados de la mano por las calles de San Francisco hablando de nuestras propias rebeliones cotidianas. Las que debemos continuar –cada quien desde su trinchera y en su lugar- para encontrarnos en el camino. Los eventos que sacuden nuestra conciencia nos están llevando a discutir cosas que se relacionan a nosotros mismos. Todo está conectado. “¿Me explico?”.

“¿Nosotros? O ¿nos-otros? ¿Porqué no empezamos cambiando la manera en la que nos relacionamos? ¿promoviendo otras opciones sin que tengamos que terminar separándonos y dejando casas y cosas? ¿porqué no asumimos nuestra naturaleza sin ofender con nuestras acciones a la gente que amamos? ¿porqué no comprometerse con honestidad en una o varias relaciones de inmenso amor y respeto? Si en lugar de querer tener una relación a distancia prometiendo una fidelidad que no va a suceder, ¿porqué no nos comprometemos a amarnos, cuidarnos y a estar no estando? ¿y si mejor intentamos vernos de vez en cuando, pasarla bien, amarnos infinitamente, coger hasta el desmayo y contar con una amistad eterna? Este también sería un complot contra estos cabrones. Seamos cómplices”.

El sexo en tiempos de revolución debe crear los márgenes para disfrutar otro tipo de intimidad, una en donde se sueña despierto, se construyen ideas y se le da su espacio a la imaginación. El sexo en estos tiempos debería de ser un encuentro frecuente que desate una energía renovadora para proponer nuevos arreglos sociales entre nosotros –hombres y mujeres- que estamos ciertos de que necesitamos terminar con las convenciones sociales que no nos permiten ser felices. El sexo en tiempos de revolución debe generar ideas, formas, prácticas y discursos nuevos que creen una nueva manera de relacionarnos, vernos, entendernos y sobre todo amarnos. 

Lo tengo muy claro.
Yo así quiero seguir cogiendo
y así también quiero empezar a amar.

jueves

La viña de Bacco: 5 años de ser un bastión para el vino mexicano


 
Pasé los últimos tres años entrando y saliendo de San Cristóbal de las Casas, Chiapas, como lo hace mucha gente que tiene cosas por hacer insitu y a distancia. Hace poco más de dos meses que tuve que dejar SanCris, como le dicen los locales, pero estoy construyendo el baúl de recuerdos que voy a guardar de tan particular lugar. Uno de ellos es el tiempo que pasé en el mejor bar de vinos que conozco: La Viña de Bacco. 

El 9 de diciembre de 2006 fue inaugurado en un local que tenía capacidad para menos de 20 personas sentadas. Con un menú de vinos que incluía copas a menos de 15 pesos (era un Cabernet Savignon francés) los dueños empezaron a abrirle mercado a una bebida que en la ciudad era para extranjeros, para aristócratas o para ocasiones especiales. Con opciones para todos los bolsillos y ricas tapas incluidas el éxito del lugar no tardó en llegar. Poco más de un año después tuvieron la oportunidad y mudaron La Viña de Bacco a un local más grande.  
Los creadores de “la Viña” son Carlo Galli y Riky Vezzoli, italianos del norte, originarios de un increíble sitio llamado “Valcamonica”. Llegados a San Cristóbal de las Casas en distintos momentos y por diferentes razones, como muchos otros extranjeros decidieron quedarse. Quisieron invertir sus euros en un negocio. Bebedores de vino y acostumbrados a tenerlo en la mesa para acompañar las pastas, gnocchi, pizzas y demás delicias de su cocina, se percataron de que el vino en San Cristóbal de las Casas era una bebida poco accesible. Los bares lo vendían malo y caro, los restaurantes caro y a veces bueno, había un incipiente intento de supermercados por tener vinos a precios accesibles. Pero el asunto era que para mediados de 2006 no había un lugar para sentarse a tomar un vino y comerse una tapa. Ellos lo iniciaron y así empezó su historia.

Aprovechando el boom en el que se encuentra, ambos querían impulsar y dar a conocer el vino mexicano. Entonces quisieron incorporar a su carta una selección accesible y antes de inaugurar el bar se pusieron en contacto con las casas vitivinícolas de México pero no tardaron en encontrarse obstáculos. Primero, los altos precios del vino mexicano. Muy pocos eran comprables y vendibles en un lugar donde la gente no consume vino cotidianamente y no se gastaría más de 300 pesos por una botella. Segundo, la disponibilidad y distribución del vino mexicano en Chiapas. Pocos lugares lo venden por mayoreo y la intención de comprar directamente con las casas vitivinícolas de Baja California se fue menguando ante la indiferencia de éstas a las solicitudes de un par de italianos radicados en el sur mexicano.
A pesar de esto Carlo y Riky lograron establecer una relación directa con las casas Santo Tomás y Viña Doña Dolores-Freixenet. Los demás vinos los compran a mayoristas quienes nunca garantizan la disponibilidad del producto. No obstante han logrado abrirle un mercado al vino mexicano en un lugar en donde la gente que bebe vino prefería el chileno, el español o el argentino que llegan de aceptable calidad, mucho más baratos y de los que siempre hay oferta.
 


Actualmente la primera vinatería de “SanCris” tiene una decoración sencilla pero de buen gusto. Mobiliario de madera, fotografías en blanco y negro de uvas, botellas de vino y viñedos y una hilera de foquitos morados que semejan una vid enredada sobre la parte alta de la barra resaltan en las paredes pintadas de amarillo, rojo y verde que generan una vista agradable con la tenue y delicada luz que se enciende por las noches. Ahí, en el extremo izquierdo de la barra frente a la cocina, yo leí el periódico y hablé con tanta gente mientras me tomaba -por turnos- mis copas de blanco, espumoso  y tinto.
Cuatro mesas adentro, dos barritas con bancos largos, tres mesas y dos barriles afuera son la infraestructura para hospedar a no más de 45 personas. Del otro lado de una de las barras, el encargado sirve las bebidas y ordena las tapas y la comida pues tiene la cocina y al cocinero detrás (unos días Alex otros días Pepe). La mesera en turno llega por la tarde. Todas las que conocí, que fueron varias, han sido chicas amables, simpáticas y muy guapas.
El menú de bebidas (que también incluye cervezas, aperitivos italianos, licores y digestivos) cumple con la promesa que anuncia el bar afuera: además de vinos foráneos, hay una buena selección de vinos mexicanos. No los más caros e impagables para quienes andamos de presupuesto moderado, sino una selección de las botellas que cumplen la dupla calidad-precio para satisfacer paladares y no dejarnos en banca rota.

La selección por copeo incluye entre otros: el Petit Sirah, Zinfandel, Nebbiolo, Merlot, Cabernet Savignon, Fumé Blanc, Savignon Blanc, de Baja California; el Malbec joven y el Malbec/Cabernet Savignon (Crianza) de Querétaro y el Cabernet Savignon/Merlot de Coahuila. También hay muestras de Chile, Argentina, Italia, España y Francia. Botellas de vino mexicano hay alrededor de 40.

Los clientes locales ya son “frecuentes” y muchos de ellos extranjeros que encontraron en San Cristóbal de las Casas una segunda “matria” y en la Viña de Bacco el espacio que hacía falta para ir a “tomarse unos vinos”. Es común escuchar entre los bebedores acentos argentino, español, también el inconfundible acento francés y, claro, español mexicano. Pero también es común encontrarse turistas ingleses, estadounidenses, franceses y holandeses. En temporada alta llegan hasta noruegos.


La carta de vinos expresa el tipo de clientela que se quiere tener: ahí el vino lo bebe quien trae 20 pesos y quien trae 650. Esa fue la idea de los socios italianos cuando abrieron: no hacer del vino la bebida inalcanzable que era hasta hace unos años, sino popularizar su consumo. Y lo han logrado, la mayor parte de sus clientes piden y beben vino. La selección de vinos cambia cuatro veces al año, dependiendo del éxito de ciertos vinos, de la afluencia del turismo y del clima.   
Un día uno, al día siguiente el otro, Riky y Carlo atienden personalmente a sus clientes. A los frecuentes ya ni les preguntan qué vino se van a tomar, a los nuevos les hacen sugerencias y recomendaciones, sobre todo si son extranjeros curiosos por probar el producto mexicano.
La intención de este par de amigos no fue tener un “wine bar”, sino un sitio pequeño más del estilo de la tasca española, apto para las tres personas que trabajan ahí (cocinero, mesera y el encargado del día) y están al pendiente de su clientela. Un sitio en el que es posible sentarse en la barra a tomarse unas copas con unas tapas de quesos, embutidos y patés locales. En donde se puede platicar con el vecino o con los que ocupan la mesa contigua. Un lugar para llevarse un libro, leer el periódico u hojear las revistas de política, comida y, por supuesto, vino que están a disposición. O si se va en compañía beber vino mientras se juega dominó o cartas (también disponibles) o simplemente charlar hasta terminar con un intenso color púrpura en los labios.


Este bar es la expresión de un esfuerzo por abrirle espacio al vino, en un lugar en donde el clima se presta para beber un vino blanco, espumoso o rosado y frío un mediodía del verano, para un tinto una noche cualquiera, para un vino caliente con especias y fruta (receta del norte de Italia) durante el invierno sancristobalense, o para un digestivo fuerte como la grappa, el destilado italiano de uva.

La Viña de Bacco es un lugar acogedor, en el que se pueden pasar muchas horas bebiendo vino, en un ambiente de conversación agradable, música adecuada y ricas tapas. Así las pasé yo tantas veces, rodeada de amigas, amigos tanto locales como visitantes.

En estos cinco años se ha convertido en el bar favorito de varios y en el punto de encuentro de muchos. No en vano ya está en la lista de recomendaciones en el Lonely Planet, edición México 2010 y el periódico New York Times le dedicó un reportaje en su sección de viajes.

Muy lejos de los viñedos, las vendimias, las catas, las boutiques, clubs de vino y la parafernalia que rodea a tan singular bebida, la Viña de Bacco es un bastión en “las montañas del sureste mexicano” (como diría alguien famoso por esos rumbos) para quienes se inician y persisten en el placer de beber vino, con varias opciones de presupuesto, a cualquier hora del día y en un día cualquiera.

Larga vida y muchas felicidades a los Baccos por sus 5 años de existir y alegrar corazones! Deseándoles un gran aniversario (este viernes 9 de diciembre…todo el día)
les extraño.

La Viña de Bacco 
Real de Guadalupe 7b 
Zona Centro 
San Cristóbal de las Casas, Chiapas. 
Abierto de lunes a sábado de 2pm a 12am. 
http://lavinadebacco.com/ 

martes

jamás había creído en el destino...


¿cuántas personas que no se conocen y ponen una cita para presentarse, se encuentran sin planearlo en la quinta avenida de NYC? ¿cuántas milésimas de segundo se requieren para tomar decisiones que lleven a esas dos personas a caminar por un lugar, a pararse en ese sitio, a no detenerse? PUM!

jamás había creído en el destino...y no sé si ahora creo en él, pero siento que existe algo que por no estar escrito se está escribiendo para mi. es la parte de mi historia. es mi parte de la historia.

aún no lo conocía personalmente cuando lo encontré en la calle. lo reconocí por una foto que había visto antes incluso de haber puesto la cita que teníamos para tomar un café un lunes a medio día en la zona de Chelsea.

pero la cita se adelantó. ese domingo caminaba exhausta por la 5th Ave sin un rumbo definido. eran las 5 de la tarde. había oscurecido. era el horario de invierno que me acompañó junto con un buen clima. NYC fue amable. 

él estaba en la calle conversando. al pasar a su lado le reconocí. y aunque estaba acompañado, me acerqué diciendo su nombre en voz alta. él reaccionó. hola, si, soy yo. nos teníamos que encontrar mañana a mediodía pero mira nada más, aquí estás, dije alegrada.

hubo algo que me detuvo frente a él. sentía que no me podía ir y respetar la cita que teníamos para el día siguiente. hubo un momento incómodo. el momento de tomar decisiones. dudé. quería irme. pero quería llevármelo conmigo. me quedé frente a él e impuse mi intención. entonces surgió la idea de ir a tomar una cerveza. 

aquí cerca, que yo tengo una cita en un rato pero ahora tengo tiempo, me dijo él.

caminamos por el Central Park que nocturno se ve aún más grande. sonaban unos tambores africanos y pasamos por la fiesta de unos jóvenes que bailando se divertían. seguimos por unas calles para él conocidas en el west upper side. en pocos minutos habíamos ya reído por algo en un par de ocasiones. la risa divina me altera.

¿divorciado? bienvenido al club del que soy actualmente la presidenta.

entramos a un bar y pedimos dos cervezas de barril que acompañaron nuestra conversación. todo parecía ser tan común. hablamos de nosotros, de la ciudad y los amigos que compartimos por unos años cuando nuestras vidas paralelas transcurrieron en Berlín. nunca nos vimos.

¿cuántas veces quizás nos cruzamos en una calle? ¿en un bar? ¿en un parque? qué casualidad ¿no?...

jamás había creído en el destino...

risas y sonrisas hasta que nos despedimos con un fuerte abrazo y dos besos. me quedé con su olor en la mano derecha. esa mano que paso por la mejilla de la gente –especialmente masculina- a la que abrazo para despedirme.

nos dijimos “adiós” con la idea de un encuentro futuro que podría incluir pinot noir y jacuzzi en un bosque. era una broma. pero a mí el futuro me pareció lejano.

entonces le pedí una cita para el día siguiente. no fue posible para él. es un tipo muy “occupado”. pero respondió y pidió tiempo extra para otro día. era de hecho mi último día en la ciudad. contesté así: una cita a la hora de la comida en tu casa, así estaré segura de encontrarte. mandame indicaciones y yo llego.

quiero verlo-estarlo.

sentí mis intensas intenciones. desde que hablamos y reímos. desde que noté que él me veía directo a los ojos y que de su boca salían palabras que expresaban inteligencia y sensibilidad. preocupación por el mundo. me seduce el buen humor. me seduce la capacidad de abstracción. también un olor definido y una voz poderosa. y nada me seduce más que unos ojos sorprendidos que ven lo que soy y muestro. esto soy yo. seductor es aún más quien no ha perdido la capacidad de imaginar. esto es él.

soy de fácil lectura -mis palabras son directas y soy mi misma sin ser una-. pero soy predecible. por eso los hombres inteligentes tienen la capacidad de saber lo que quiero. yo no salgo de cacería. pero dejo claro que podría prescindir del preámbulo y que no hay que tomarse el tiempo para “conocerme” si se me quiere tener muy cerca. nací para hacer feliz a la gente. él supo leerlo. generoso y compartido entendió la petición en las pocas palabras de mi correo electrónico.

y ahí estaba él. esperando en el balcón como si tuviera la prisa que yo llevaba por llegar. la prisa por acercarme concentrada en el estómago. tragaba saliva. la boca se me hacía agua imaginando la tarde que me esperaba.

jamás había creído en el destino…

subí a su departamento, entré a su recámara, hablamos de un par de cosas, abrimos una orval. cerveza trappiste bendita. por un momento creí que quizás estaba forzando el encuentro. pero me relajé y dediqué a emitir grandes dosis de tensión sexual con una conversación que era innecesaria y salía de una mujer sentada en una silla frente a un escritorio esperándolo todo.

quiero cogerte, le decía con la mirada y con los pies.

entonces él se acercó. me pasó el dedo por el tatuaje que tengo en la parte alta de la espalda. le gustó. sentí la punta de sus dedos y un escalofrío me recorrió el cuerpo. se quedó ahí en donde empieza el mundo según Gustav Courbet. acaricié la parte de su pierna que me quedaba cercana. era mi invitación. me tomó del cuello para besarme, me levantó de la silla con los labios. me acercó a la cama para acostarme. en pocos minutos yo estaba cubierta por un cuerpo ajeno.

me tocaba con deseo para desnudarme, me alertaba el sistema nervioso y yo respondí a ese llamado. le quité la ropa y yo me quité la ropa. nos besamos completos, nos tocamos, nos olimos y sentimos todo. pal-pan-do. sonaban los fleet foxes. me penetró con delicadeza y después con furia. sus huesos eran pesados y anchos, huesos de un hombre desconocido. N-U-E-V-O. sonaba también el ruido de la cama cuando se golpeaba contra la pared, sonaba mi femenino gemido sutil y expresivo, sonaban sus masculinas expresiones guturales. tuvimos que detenernos. sonaba beach house y las sábanas humedecidas guardaban ya sudor del bueno.

se fumó un cigarro. yo lo contemplaba, cerraba un ojo, después cerraba otro, e imaginaba las fotografías que Nan Goldin podía haber hecho en esa recámara en el sur de Brooklyn. una habitación iluminada con una pálida luz que anunciaba el cielo nublado de afuera y la enorme puerta al balcón que permitía su entrada. un paisaje de ropa revuelta, closet desordenado, papeles tirados y cosas que podían estar en otro sitio, si es que tenían lugar. éramos personajes de mi serie de fotografías “casualidad o destino”.

volvió a la cama. me penetró con ternura. después la furia. vino. sonaron ruidos de un estómago vacío que nos anunciaron que teníamos que parar y comer algo.  

la cita era para comer ¿no? ¿comer-nos?

él se duchó. yo me vestí. juntos salimos, hablamos, caminamos, nos tomamos de las manos, comimos, caminamos hacia un pequeño parque desde donde se ve el símbolo vacío de la estatua de la libertad. regresamos a la cama escapando del frío. horas de desnudez y deseo, de espasmos poderosos que llegaron como olas que pegan contra una cordillera de piedras. y splash! sentía una fila de orgasmos esperando su turno, peleando por salir de mi entraña. acumulándose en alguna de las 3000 terminaciones nerviosas que se alteran en un capullo adolorido.

jamás había creído en el destino...

entre besos y muchas caricias, conectando pieles sucedieron las conversaciones íntimas que recorrieron varios temas con pasión en las palabras. hablamos de las cosas IM-POR-TAN-TES.  elaboramos un gran plan. es el plan que no incluye un "nosotros" pero es nuestro. uno que no incluye límites ni condiciones. el GRAN PLAN es grande.

contra toda mi voluntad tuve que dejarlo en su casa y no volver a verlo antes de tomar el vuelo que me sacó de NYC.

pero caminé con ánimos hacia la estación del metro. llegué con alegría a preparar mis cosas. dormí poco aún oliéndome en la piel la tarde en Brooklyn. al día siguiente sonreía al mundo, el gran plan incluye un pronto encuentro en otra costa, lejana a esta, que quizá no tenga jacuzzi ni pinot noir, pero lo tendrá a él y me tendrá a mí. 

jamás había creído en el destino…

él me trajo de vuelta. en una tarde recuperé el espíritu que había metido en un baúl por algunos años. me desperté sintiendo mi cuerpo otro, alerta, despierto, inquieto, con ganas de repetir, sintiéndolo todo él, está vivo, mutando y conectándose consigo mismo. un cuerpo que quiere, desea, anhela todo lo que el mundo puede ofrecerle.

¿cuántas cosas en otra dimensión se alinean para que esas dos personas compartan el mismo espacio en ese preciso lapso de tiempo? ¿qué hay en el futuro-destino de ambas que les permite en ese cruce espacio-temporal conectarse con una mirada o con una palabra y abrir una de sus puertas para dejarse pasar?

jamás había creído en el destino...

gracias NYC!